Heroicidades

Posted on 11 diciembre, 2010

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Heroicidades (I):

No eran todavía las tres del lunes 6 de diciembre. Llevaba 60 horas sin fumar, lo que en mi pequeña obsesión en forma de tabla de Excel venía a traducirse en un no gasto en cigarrillos de 10 euros con 80 céntimos. Dicen que hay que buscarse un buen motivo para dejar de fumar. El no gasto podría ser un buen motivo… Para alguien que valorara el dinero más que yo.

Al torcer a la derecha, en la entrada de mi pueblo desde la autovía, una curva bastante cerrada, casi me como a un accidentado. Normalmente soy de poco correr con el coche y eso nos salvó.

Digresión:

¿Usted es de los que se para a echar una mano o no? Ésta es la típica pregunta que falsea las estadísticas, que hace de ellas un instrumento al servicio de la mentira. Es como preguntar ¿es usted racista? ¿Quién es el puto energúmeno que responde que sí a esa pregunta? Nadie. Ni el asesino de Martin Luther King.

O esa otra  tan bonita “¿Qué piensa usted de la caza de ballenas?”. Con la que está cayendo, esa censura del pensamiento que han instalado los cursis y los ultra-ecologistas, nadie en sus cabales tiene narices para decir que está a favor porque no es correcto, porque la realidad es que no tenemos información suficiente ni veraz ni auténtica sobre la caza de ballenas y porque lo fácil, en el caso de los hombres, es imaginarse el lomo blanco y desnudo de la entrevistadora sobre la cama del Capitán Akhab, decúbito prono, esperando la llegada de tu Pequod.

Yo lo hice una vez, yo dije una vez que estaba a favor de la caza de ballenas, pero eso es otra historia.

Heroicidades (II):

La cosa es que paré para echar una mano al accidentado. Era mi obligación. No sé si soy de los que para ni sé si volveré a hacerlo, no quiero pasar por ser ciudadano ejemplar sin medallas. El lunes lo hice. Mañana, seguramente, no lo haga. Al hombre, que rozaría los treinta, poco más o menos, no le había pasado nada. Me juró y rejuró que no iba rápido, que no sabía por qué había perdido el control del coche al salir de la curva. Como digo, es bastante cerrada. No llovía en ese momento, pero el asfalto estaba húmedo.

Por supuesto, el chaval mentía.

No soy guardia civil -le dije para zanjar el asunto. Me daba igual.

Su coche se había quedado atravesado en el carril de la derecha, cerca de la salida de la curva, en parte subido sobre el alto bordillo de la cuneta, con al menos una de las ruedas reventadas y el parachoques colgando. El problema que tenía el muchacho es que no podía darle la vuelta al coche sin causar un accidente, sobre todo teniendo en cuenta que hay mucho capullo al volante, como él mismo, que sale de esa curva a toda leche.

Avisa a los que entren en la curva, mientras le doy la vuelta al coche para cambiarle la rueda -me pidió.

Dispuesto, incluso, a enfundarme el ridículo e inservible chalequito reflectante, me coloqué en la curva para advertir a todo el que venía (a toda pastilla) del peligro, mientras el accidentado colocaba su coche en el sentido de la marcha y en una superficie lisa donde  poder cambiar la rueda.

Acotación:

No, Álvaro Muñoz Robledano, todavía no entra en escena la Guardia Civil. Paciencia.

Heroicidades (III):

Completada la maniobra, como he dicho antes, llevaba 61 horas sin fumar, lo que en mi pequeña obsesión expresada en una tabla de Excel venía a significar  10 euros y 98 céntimos de no gasto en cigarrillos. Supongo que estas cosas me entretienen, porque preocuparme… Y llegaba tarde a comer a casa de mis suegros. El accidentado, de una pieza y con el coche puesto mirando ya para Pamplona, no precisaba de más ayuda. Aunque aún…

Acotación:

Cuando hago estas cosas, siempre pienso en ti. ¿Qué le voy a hacer? No puedo pelear contra lo que soy, no a mi edad, y soy gilipollas, supongo, así que habrá que asumirlo.

Heroicidades (IV):

Aunque en sentido de la marcha, el coche aún estaba situado a la salida de la curva. Supongo que pude marcharme y dejarlo allí, como quien esquiva una monda de plátano pero se la deja preparada al que viene detrás. Yo lo siento, pero no habría podido perdonármelo. Entiéndanme: no soy amigo del buen consejo, no me gusta hacer de Pepito Grillo, no  pienso que todo en mi vida pueda ser un ejemplo vivo para los demás, ni mucho menos, pero el tiparraco se puso a cambiar la rueda de su coche a la salida de la cerrada curva que muchos tiparracos, como él, toman como si fueran Fernandos Alonsos, con el pavimento húmedo.

Teorías beamurguianas (I):

La principal causa de muerte en carretera en España es la estupidez.

Heroicidades (V):

Me senté al volante de mi coche. Suspiré hondo y resignado a mi destino, que es entregarme dócilmente a ser como soy (un gilipollas genuino). No puedo luchar contra mí mismo, porque de estas cosas a uno le salen eccemas y se pasa la noche rascándose como un mono.

Yo que tú -le dije- pondría un triángulo a la entrada de la curva, porque según estás colocado, a nada que venga uno un poco lanzado, te lleva por delante.
¡Bah! Si no tardo nada -me contestó en un tono que, impostado, despreciaba el peligro- y a esta hora…

Arqueé una ceja, la derecha, es un gesto que hago que expresa incredulidad y/o estupor. El tipo supo leer  mi ceja y rectificó:

Es que el otro día… Saqué los triángulos del maletero para limpiar el coche…  Y, bueno que…  Los tengo en casa.

¿Tengo cara de guardia civil o algo? ¿Acaso soy una entrevistadora de Adena preguntándole por la caza de ballenas y este pavo me está imaginando metido en su coche decúbito prono preparado para recibir el arponazo de Akhab? ¿Limpiar el coche? A la vista estaba que hacía lo menos cinco años que ese coche no pasaba por un lavado. Sé que soy gilipollas, lo que no sabía es que, además, tengo cara de gilipollas.

Teorías beamurguianas (II):

Toda acción generosa es movida por un principio egoísta.

Heroicidades (VI):

Vale. Voy concluyendo.

Tenía prisa. Llegaba tarde a comer a casa de mis suegros en el día de la Constitución. Llevaba 61 horas sin fumar y no estaba tranquilo, ni mucho menos, pero se me presentaba el dilema de dejar a este mentiroso tirado en medio de una cuneta para ser arrollado por otro capullo como él o, lo que es peor, para provocar un accidente.

Fui a mi coche. Cogí mi triángulo (sólo tengo uno, no sé por qué), los desplegué, me fui hasta el otro lado de la cerrada curva y lo coloqué de manera que fuera visible, incluso para los fernandoalonsistas de la carretera.

Muchas gracias por todo -me dijo el tipo.

No lo había hecho por él, que no se lo merecía, sino porque tenía prisa y porque no me habría perdonado nunca el accidente que su estupidez estaba al borde de provocar.

Vivo aquí al lado -añadió-. Dame tu teléfono que en cuanto cambie la rueda, te llamo para devolverte el triángulo.

Hasta hoy. Por supuesto, me he quedado sin él. ¿Lo pueden entender? Yo no.

Merecidos homenajes beamurguianos:

Después de catar un Sancho Panza Belicoso y de maridarlo con un brandy Tradición, gracias al excelente y sabio consejo de María Saenz (del Club Puro Placer), que no se puede saber más ni ser más sencilla en la exposición de su sabiduría, Álvaro Muñoz Robledano, David Torres y yo nos fuimos a tomar unos pinchos al Comunista, en la calle Augusto Figueroa.

Era el cumpleaños de David. Sin contar con el puro, que me fumé (pero eso sí que es otra historia), llevaba 140 horas sin fumar y no gasto de 25 euros con 20 céntimos en tabaco, dato tan superfluo que, por momentos, me va importando menos. Homenajeamos una amistad imprescindible, al menos para mí, tan cargada de sinceridad que asumí que Álvaro me abroncara por no escribir el blog.

De esa conversación, “Oveja que bala. Fun inflatable sheep”.

Y ahora, Álvaro, viene la guardia civil.

Heroicidades (y VII):

Apurando, apurando, apurando, como siempre, no por dinero (que me importa muy poco y no porque me sobre), sino por tiempo y porque llevo un año y medio con un estrés insoportable, me quedé sin gasolina en la carretera auxiliar de la autovía de Colmenar, cerca de la Universidad Autónoma.

Soy gilipollas, supongo.

Cuando llegó la guardia civil a echarme una mano (a la cartera), lo primero que me preguntó fue:

¿No sabe usted que está obligado a señalizar su posición  con los triángulos de emergencia?

Eran las tres de la tarde del día 10 de diciembre. Llevaba 157 horas sin fumar y no gasto en cigarrillos de 28 euros con 26 céntimos.

Sí, que lo sé -contesté-. ¿No tendrá usted un cigarrillo?

Por la transcripción samaritana: X.Bea-Murguía (a ver si vuelvo)

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